
Bob Wilson en el Liceu de Barcelona (Andreu Dalmau, EFE Archivo).
MUERE BOB WILSON
EL GRAN ESTETA DEL TEATRO
Ayer nos enteramos de una triste noticia para todos los artistas escénicos del mundo. Ha fallecido Robert M. Wilson, más conocido Bob Wilson, a sus 83 años, víctima de una “breve pero grave enfermedad” según anunciaba el Watermill Center, el estudio artístico que el creador había fundado en Nueva York. Nos ha dejado uno de los mayores revolucionarios de la puesta en escena contemporánea.
Hoy queremos rendirle tributo divulgando su labor como arquitecto, diseñador de escenografía e iluminación, pero sobre todo la enorme influencia que ha tenido como director de teatro y ópera. Esta es la trayectoria de un hombre que renunció a la palabra y al realismo para abrazar la experimentación plástica y la exploración sensorial como vías para transmitir su visión única.
Los orígenes de su visión plástica
Nacido el 4 de octubre de 1941 en Waco, Texas (EE. UU.), Robert Wilson se acercó antes a las artes visuales que al teatro. De hecho, llegó a graduarse en Arquitectura en el Pratt Institute de Nueva York, lo cuál ya denotaba una sensibilidad por la construcción estética que pronto se vería en sus propuestas escénicas.
Hubo otro elemento en su infancia que también marcó profundamente su arte, y es que Bob Wilson era tartamudo. Su condición fue lo suficientemente severa para que le llevaran con un instructor de danza llamado Bird “Baby” Hoffman, que le ayudó a superar la tartamudez. Esto despertó un gran interés por la danza contemporánea como forma de expresión más allá del lenguaje, influido por artistas como Merce Cunningham y Martha Graham.
La gran Isabelle Huppert en Mary Said what She Said (Bob Wilson, 2019).
A su llegada a Nueva York también entró en contacto con el teatro terapéutico para niños con discapacidad y daños cerebrales. En este contexto, desarrolló una profunda relación con el artista Christopher Knowles, por aquel entonces un joven con dificultades lingüísticas y posible autismo, que le enseñó una visión del lenguaje como una “poética alternativa fuera de la lógica convencional”.
El Teatro de Bob Wilson: la estética del arte total
En 1968, Bob Wilson fundó “The Byrd Hoffman School of Byrds”, una compañía de performance experimental llamada así en honor al profesor de Danza que le ayudó a superar la tartamudez. Así arrancó una carrera como artista visual, escenógrafo, director y dramaturgo centrada en una visión post-dramática de la “obra de arte total”.
Renunciando absolutamente al realismo escénico, al considerar el teatro como un arte artificial en el que resaltar sus elementos visuales, sus obras se reconocen por un uso del tiempo ralentizado, casi coreográfico; por una composición visual de la escena como cuadro vivo, con la combinación entre luz, escenografía y color marcadas al milímetro; y por un texto desestructurado que rechaza la narrativa y muchas veces es sustituido por silencio y sonido.
La Ópera Turandot en el Teatro Real de Madrid (Martynas Aleksa, 2018).
Aún así, ha combinado a lo largo de su trayectoria estas propuestas rompedoras (El poema visual de Deafman Glance en 1969, la colaboración con Tom Waits en The Black Rider en 1990…) con su labor de adaptador de grandes clásicos de teatro y ópera, en las que el texto original es un punto de partida para la creación sin barreras (Woyzeck en los 2000, también con Tom Waits, Lohengrin en 1998, Orlando en 1993…).
De hecho, os ponemos un ejemplo de sus propuestas clásicas experimentales, en este caso con Shakespeare, quien le sirvió de inspiración en varios montajes (King Lear en 1985, Máquina Hamlet en 1986).
Aquí os proponemos observar todos los rasgos de su teatro en la versión del Soneto 66 del maestro inglés que realizó junto al músico Rufus Wainwright. Os dejamos también el poema, para que podáis comparar el viaje visual que realiza desde el material original:
De todo esto cansado, pido el mortal descanso,
al ver nacer mendigo aquel de mayor mérito,
y la enclenque torpeza, ornada alegremente,
y la fe más sincera, vilmente traicionada
y el honor refulgente, donado innoblemente,
y la casta virtud, forzada a ser buscona,
y recta perfección, afrentada con saña,
y fuerza mutilada, por el poder corrupto
y el arte amordazado, con toda autoridad,
y la docta locura, oprimir al talento,
y la honradez sencilla, mal llamada simpleza,
y al Bien que cautivado, sirve al Mal, su Señor.
Cansado de estas cosas, quiero dejar el mundo,
salvo que por morir, dejo solo a mi amor.
Shakespare’s Sonnets. (Bob Wilson y Rufus Wainwright. 2009)
Su influencia en España
Bob Wilson ha levantado una legión de seguidores a nivel mundial que conciben el teatro como un espacio de experimentación plástica. Desde que fundó el Watermill Center en Nueva York en 1992 para ofrecer residencias a artistas internacionales multidisciplinares, por allí han pasado miles de escenógrafos y directores visuales, y ha dejado su legado en artistas modernos como Romeo Castelluci o Jan Fabre, especialmente en Europa.
En España, cuyas obras se han visto repetidas veces en el festival de Otoño, especialmente en los Teatros del Canal, o en el Gran Teatre del Liceu y el Festival Grec de Barcelona, podemos encontrar su rastro en la obra más actual de creadores como La Fura dels Baus, Àlex Rigola, Albert Boadella o La Zaranda, que comparten con Bob Wilson la interdisciplinariedad, la ruptura de moldes y la visión poética y antinaturalista del teatro.
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Entrada redactada por Pau Vaillo.